martes, 4 de mayo de 2010

La negritud en los actos escolares.

La representación que se hace de los diferentes personajes en actos escolares, y en especial de los de escuelas primarias, la mayoría de las veces es errónea. Y esto sucede porque la historia está relatada de manera errónea.
Las diferentes clases sociales que se presentaban en la sociedad colonial, se confunden en la actualidad y se trastornan, hecho que ocurre cuando se intenta contar la historia desde un punto de vista "objetivo". Yo creo que ese propósito es demasiado imposible de realizar, ya que ninguna historia puede contarse sin que las emociones afloren mientras se la relata, ya sea a partir de una canción, de un cuadro o de una guerra.
La negritud en los actos se muestra de manera totalmente diferente a cómo se la vivía en es época: los esclavos eran tratados con dureza, y maltratados casi todo el tiempo, y no constantemente alegres como las maestras intentan convencer tal cosa a los niños. Ellos eran algo así como el sostén de la economía del momento, un modelo imposible de implementar sin ellos.
El propósito de mostrarles una cara de la historia que no conocen hasta el momento no es un acto para asustarlos ni tampoco incitarlos a que rechacen la versión antigua, sino para mostrarles que ellos también eran muy importantes en su momento, casi esenciales, y que su alegría formaba parte de sus festejos por la libertad, derecho que se les privó por mucho tiempo.
Participar en un acto escolar, para mi era como una salida de la rutina, una manera de escaparme de lo que hacíamos todo el tiempo en el aula, una forma de mostrarme sin cuadernos, ni lápices ni libros, más allá de que me encantara realizar actividades en clase.
Recuerdo que mis personajes favoritos para representar eran los criollos, las paisanas, los aborígenes, personajes con los cuales me sentía más identificada, más cercanos y más nuestros. Veo fotos, porque mi memoria no llega tan lejos a veces, de pequeña en actos de jardín, vestida con atuendo de "candombera" -o al menos de las negritas que nos mostraban en sus historias-, con un pañuelo en la cabeza, una pollera floreada y la cara pintada con carbón, en representación de una persona negra, esclava. Actualmente, en los colegios, las candomberas siguen representándose como personajes constantemente alegres y en festejos, y se las muestra sólo para alegrar un rato, y no mostrando así su real importancia en el período en el que vivieron, y la función que cumplieron.
Las fechas patrias van perdiendo lo "emocionante" de las mismas con el paso del tiempo. Tal vez sea que la adolescencia es la etapa de no importar nada, o tal vez sea que el énfasis que se ponía antes para un simple acto escolar se fuera desgastando hasta llegar a no generar emoción alguna en los alumnos.
Conmemoraciones como el Día de la Independencia, o el Aniversario de la muerte del Gral. San Martín han perdido su significado original, y no pasan de un momento para cantar el himno y hablar un poco de lo que hicieron para que se los recordara. En mi opinión, un 9 de Julio no puede pasar desapercibido, no puede ser un día más una conmemoración de la Declaración de la Independencia como pueblo, del rompimiento de esas cadenas que nos unían y retenían a un gigante que aplastaba y abusaba, sólo para su beneficio; un paso demasiado importante en la formación de un Estado en el que vivimos, en el que nos formamos.
Fechas a las que no se les da tanta importancia, me parece que tendrían que adquirirla urgentemente, ya que generarían una conciencia civil y comunitaria, y ayudarían a formar una nueva idea de mundo habitable. Un 5 de Junio "Día del Medio ambiente", un 8 de Marzo "Día de la mujer", un 24 de marzo "Día de la Memoria por la Verdad y la Justicia", son fechas con muchísima importancia, ya que se decretaron a través de la lucha de personas que querían lo mejor para la sociedad en total, muchas de las cuales perecieron en la lucha, y que hoy tienen su continuidad en sectores pequeños de la comunidad.
Generar un nuevo pensamiento en las personas acerca de las fechas conmemorativas, efemérides, fechas importantes, tienen que dejar de ser un feriado más para quedarse a dormir en casa más tiempo, y pasar a ser agentes de formación y cultura de un Estado que piensa en su pasado, para poder proyectarse un futuro mejor.

Ese atroz encanto de ser argentinos.


Eso que nos hace querer a nuestro país, también puede hacer que lo odiemos.
Eso que le mostramos al mundo, también tiene su lado oculto. Como todas las cosas.
El autor intenta mostrarnos -y lo consigue con éxito-, ese gusto contradictorio que tenemos al decir que somos argentinos -o que no lo somos-.
¿Qué extraño no? Reconocemos nuestra argentinidad cuando nos hablan de estrellas futbolísticas, actores, cantantes. ¿Y cuando nos hablan de trabajo? ¿De pobreza? ¿De educación? Miramos a otro lado, no nos gusta hablar de esa parte fea, queremos siempre la gloria.
Un país tan rico, tan lleno de todo, que en algún momento tuvo lo que quiso el mundo entero. ¿Donde quedó toda la magia?
Tal vez fue sólo eso, magia, ilusión. Porque según afirman algunos autores, los argentinos viven de un ilusión, de un ideal, de algo inexistente. Tal vez soñamos tanto que a no nos queda tiempo para bajarnos a la tierra, y sentirla en los pies. Tal vez es ese gusto, ese placer de soñar, lo que nos da vida. Tal vez, tal vez.
Pero el argentino, encantado de ser argentino, es egoísta. Piensa individualmente, siempre buscando su ventaja antes de la de los demás. No le importa robar y engañar, siempre que saque algún provecho de lo que hace. (Y esto no es lo más vergonzoso, no; lo que da más vergüenza es que personajes ajenos de la vida argentina lo noten, aún antes que los mismos argentinos).
Algunos afirmaron a mediados del siglo XIX que "el país avanza de noche, cuando los funcionarios no pueden robar", y eso es parte de nuestra realidad actual; esos mismos se sorprenderían al vernos ahora, cumpliendo inconscientemente su predicción.
¿Qué pasó con la promesa de aquel "granero del mundo"? ¿Qué pasó con las promesas del famoso argentum? La etimología de la palabra Argentina proviene del latín, como muchos saben, y quiere decir plata. Nada más y nada menos que plata, una promesa que recorrió el mundo, que ilusionó y esperanzó a los más excluidos, y que como toda ilusión, terminó desvaneciéndose. O lo está haciendo en este momento.
Ser argentino implica cargar con un pasado no muy generoso, aunque el lugar donde se desarrolla ese pasado si lo sea.
El argentino es orgulloso, sin mérito, pero orgulloso por esa misma idea que se armó de si mismo y de lo que lo rodea. Quiso estar más allá de esos modelos de ciudades elegantes, quiso estar a la par, y terminó cayendo mucho más de lo que alguna vez hubiera creído que iba a caer. Esa idea formada en ese período de riquezas y ocio, de elegancia y suntuosidad, de placer y diversión, de derroche y extremos, lo único que hizo fue crear y alimentar esperanzas.
Argentina puede dar mucho más de lo que da, y mucho más aún de lo que ofrece. Sólo faltan las armas, la conciencia y el amor por lo que se es.
Conciencia popular, unión, bienestar general. Valores de la Constitución Nacional Argentina, tan olvidados por todos, pero tan necesitados en los tiempos que vivimos.

Argentinidad.



"Clonazepan y circo", Andres Calamaro.

"Particular sentimiento", imposible de describir de otra manera.
Ser argentino, forma parte de una serie de contradicciones constantes, como si no se pudiera definir al argentino en su totalidad, o al menos, de una manera definitiva. Ser argetino, y sentirse argentino, dos cosas diferentes que no siempre van de la mano.
El mate, el fútbol, los domingos en familia, el asado, el folklore, el tango, son cosas que nos distinguen. La bandera, el himno y el escudo nos representan. Pero, qué tan incluido en nuestro ser tenemos todas esas cosas?
Elegí esta canción porque pienso que refleja la realidad de nuestro país, de esta Argentina contradictoria, que tiene mucho para ofrecer, pero no se anima a dar más a los que lo necesitan. Una Argentina golpeada, sí, pero que tuvo fuerzas para levantarse una y otra vez.
"Antes lucha, ahora circo. Antes pan, ahora clonazepan". Lucha constante, que muchas veces se ridiculiza y se transforma en espectáculo. Familias que piden por su comida, por su trabajo, por su dignidad, por su dignidad, y jóvenes que se refugian en drogas.
La "viveza popular", esa picardía argentina, reconocida por personas de todo el mundo, y presente en cada personaje mediático, en cada funcionario, en cada argento. Eso también es parte de lo que hoy llamamos ser argentinos.
Este país, que tiene tanto para dar, tanto para mostrar, y muchas veces sólo muestra la mediocridad. "Mucho traje y fajina, pero sobra cocaína", y ahí vuelve, eso de mostrar una cara, y ocultar lo que realmente está pasando.
Ser argentino, hoy en día, es cargar con la mochila del pasado, de las luchas, de las guerras inútiles, de ineptos en el poder, de la concentración de las riquezas, del abuso, de la violación. Pero también es buscar descargarla en el futuro, sacarle todo eso malo que tiene, reflexionar sobre eso que pasó y tratar de hacer lo mejor que se pueda. Basta de robo y abuso, basta de desperdicio y exlusión.
Citando a Bersuit Vergarabat, argentos de los grandes: "Del éxtasis a la agonía oscila nuestro historial; podemos ser lo mejor, o también lo peor, con la misma facilidad"-La argentinidad al palo.
¿Yo? Argentina.