Frase que escuchamos una y otra vez, cuando, satisfechos de tanto vacío, costilla, chorizos y salchichas, terminamos un clásico argento.
Acompañado por ensaladas guarniciones, salsas, y los más diversos vinos, sodas, gaseosas y hasta agua, con los años hemos dejado que esta costumbre centenaria y del campo nos invada como un motivo de reunión y compañía, de encuentro y reconciliación, y, por qué no, de atención a los visitantes del difunto.
Reunirnos alrededor de una mesa, y comentar sobre el clima, los jóvenes, los políticossiemprecorruptos del país, la situación de la gente, los medios de comunicación, o cualquier tema que venga al caso forma parte de una de las costumbres más lindas que tiene el argentino, que extraña su tierra y su asado cuando está lejos, y goza cuando cerca.
Desde pequeña puedo disfrutarlos, y cada uno es una fiesta. Toda la familia, sean chicos, grandes, hijos y padres unidos solo por una horas y por un motivo tan especial.
La excusa perfecta para la reunión, que siempre termina en risas y una clásica guitarreada, extendiéndose por más horas de lo premeditado pero siempre con la satisfacción de decir "qué buen asado".
El partido posterior, la pila de platos para lavar, los niños que corren por todos lados con toda la energía de su edad y los más grandes observándolo todo, como desde arriba. No hay nada más lindo que la familia unida.
Y mucho mejor, por algo tan sabroso como un asado.
como me gusta leerla!!! muy buenos los relatos...
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