Las mejores vacaciones fueron, sin duda, las de verano de este año. Pude disfrutarlas desde principio a fin, desde el primer día hasta el último.
Fiestas, salidas, viajes (cortos pero viajes al fin), recitales, chaya y amigos, muchos amigos. Conocí gente nueva, linda, grande, fea, chica y viví experiencias que me hicieron aprender más sobre lo más maravillosamente peligroso que tiene la vida: vivir. Fui muy feliz y sufrí mucho, pero siempre acompañada, por suerte.
Creo fervientemente que la alegría no está en los momentos, sino en las personas, y tengo la suerte de haberme encontrado con personas que creen lo mismo, o al menos así parece.
Siempre busco que la locura sea la motivación que nos lleve a hacer todo lo que queramos, que sea la alegría el motor, y que la felicidad lo que busquemos, y así fue en gran parte de mis vacaciones.
Tuve las mejores salidas con amigos que hubiese pedido, hubo unas algo frustradas y otras ilimitadas; hubo mates en el medio y muchos bizcochitos. Hubo mañanas y tardes con abuelos, comidas favoritas e historias de vida.
Hubo descubrimiento de ideales y parecidos, de sueños que acompañan al mío, y de identificación en otros de mis locas ideas. Hubo encuentros con viejos conocidos, con viejos amigos, y con viejos al fin.
Y como todo lo bueno tiene su parte mala, también tuvo sus partes non-agradable. Hubo sentimientos encontrados. Extrañamientos – ¿se dice así?-, distancias, mala suerte y un par de lágrimas, que por supuesto ayudaron a lo que soy ahora, bueno o malo, pero siempre intentando ser y hacer feliz a los míos.
Un dato importante: continúo en el descubrimiento de la persona que hay detrás del padre que me dio la naturaleza, y mi madre, por supuesto. Conocí mucho de su historia personal y sus sentimientos, sus gustos y sus placeres, y sobre todo, sus motivos de felicidad. Conocí a la persona que lo hace feliz y lo acompaña en sus días, algo que me dio más motivos para creer un poco más en eso tan extraño y particular que tenemos todos dentro nuestro, y que nos da la fuerza para seguir adelante. Sí, es el amor, en cualquier forma, paquete, tamaño y cuerpo.
Como siempre, estuvieron ahí como una presencia necesaria de mis vacaciones, mis hermanos menores, con todo lo que convivir con hermanos presupone. Todas las risas y peleas posibles, hicieron de cada minuto juntos algo hermoso, algo de lo que aprender, algo que nos unió cada día más.
Como dije anteriormente, no quiero que esos momentos se repitan, sino que cada uno al lado de mi reducido grupo de “los míos” sea único e irrepetible, y que se ponga en evidencia que se puede ser feliz con la sola compañía de un ser querido, o que la simpleza de una sonrisa puede hacer de un día, el mejor de todos.
Siempre busco que la locura sea la motivación que nos lleve a hacer todo lo que queramos, que sea la alegría el motor, y que la felicidad lo que busquemos! Gracias May por una frase tannn linda!! Me emocionó muchisiimooo, muy lindas tus publicaciones =)
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